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Cómo tratar la otitis serosa en niños

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28 enero, 2020 otitis serosa en niños
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Hemos abordado en varias ocasiones la relación entre resfriados y la aparición de otitis en niños. Los síntomas son bastante evidentes en el caso de la otitis media, dada la exudación o presencia de líquido en el oído. A veces, incluso causa fiebre y dolor (otitis media aguda). Pero hay que tener cuidado con la otitis serosa, pues no suele ir acompañada de infección, por lo que apenas muestra síntomas. Os explicamos cómo se detecta y cómo tratarla.

La otitis serosa es la otitis silenciosa. Y lo es porque apenas genera síntomas asociados, como ocurre con la otitis media: no se detecta infección, no hay dolor, ni fiebre ni tampoco supuración. La pista en este caso es siempre la misma: genera pérdida de audición mientras está vigente.

Esta asintomatología se convierte en el principal hándicap para detectar la otitis serosa en niños. Por eso conviene que los padres y familiares estén especialmente atentos a posible signos de que estos no oyen bien (la televisión, una conversación, en clase…). Precisamente el hecho de que no se detecte y afecte la capacidad auditiva de los más pequeños pude causarles problemas de desarrollo del lenguaje y hasta fracaso escolar.

Tratamiento de la otitis serosa en niño

El doctor Juan Royo, especialista de la comunidad de salud auditiva Viviendo el Sonido, señala que la otitis serosa es una enfermedad que no siempre requiere tratamiento. Es más, asegura, “en muchas ocasiones la curación es espontanea y la actitud más comúnmente aceptada es la de ‘la espera vigilada’, pero siempre con un seguimiento continuado del niño o niña”.

Royo recomienda a los padres estar atentos a posibles signos de alerta que hacen aconsejable que el niño sea visitado por el especialista:

• Cuando sospechamos que existe pérdida de audición.
• Cuando persiste más de 3 meses.
• Cuando hay sospecha de retraso en el lenguaje.
• Cuando hay síntomas que nos hacen dudar del diagnóstico.

Cuando la otitis serosa no desaparece por sí sola, la forma más habitual de enfrentarse a ella es la cirugía y la implantación de drenajes transtimpánicos, unos pequeños tubos que permiten la eliminación de esa mucosidad acumulada.

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