Resfriado y oídos tapados

Resfriados, oídos tapados, dolores de oído y otros problemas auditivos

¿La temperatura exterior baja y la corporal sube? Cuando se noten los primeros síntomas de la gripe, es mejor no hacer oídos sordos. El clima rígido y el viento fuerte exponen el audífono a continuos esfuerzos y basta un despiste para pescar un resfriado y un taponamiento de oídos.

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Oídos tapados por gripe o resfriado

En caso de infección en las vías respiratorias, gripe o un simple golpe de aire, las manifestaciones más comunes y estrictamente relacionadas son el resfriado y los oídos tapados.

El resfriado, como condición inflamatoria, estimula la producción de moco en las cavidades nasales. Esto provoca un aumento de la presión en las trompas de Eustaquio, canal que conecta el oído medio a la rinofaringe, favoreciendo una sensación gradual de taponamiento auricular.

¿Cuáles son los remedios?

Los oídos tapados y el resfriado son molestias tan frecuentes como pesadas, por ello, es importante tratar los síntomas lo antes posible. En cualquier caso, es igual de importante identificar el tipo de inflamación para tratar correctamente el problema, con antiinflamatorios o antibióticos específicos. Si el dolor auricular persiste o está acompañado por episodios febriles, es siempre conveniente dirigirse a un médico para una visita en profundidad.

Dolor de oído y otitis por resfriado

El clima rígido y las rachas de viento imprevistas hacen más fácil que se produzcan inflamaciones como el resfriado y el dolor de oídos. A menudo, el dolor que afecta a este órgano se debe a una inflamación de las cavidades nasales y a un aumento de la presión en el oído medio. Si este problema perdura a lo largo del tiempo, provoca enrojecimiento e hinchazón del área afectada, con el consiguiente aumento de la temperatura corporal. Todos estos síntomas que llevan a la otitis: una infección del oído de origen viral o bacteriana, que se presenta como complicación a numerosas enfermedades relacionadas con la gripe.

¿Cuáles son los remedios?

En caso de resfriado o dolor de oídos persistente u otitis, se aconseja realizar un examen auricular para obtener una valoración adecuada de la membrana timpánica y del oído medio en general. Solo después, el médico podrá identificar el tratamiento específico para la patología que se ha identificado.

En cualquier caso, existen soluciones más sencillas que se pueden adoptar para cuidar e incluso prevenir la otitis: por ejemplo, los lavados nasales que efectuar con solución fisiológica.

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Resfriado y problemas de oídos

Resfriado y acúfenos

La insistencia de temperaturas rígidas y la exposición al viento y a la humedad son factores que contribuyen a que se produzcan episodios inflamatorios y de gripe.

El resfriado y los acúfenos son un ejemplo de cómo los síntomas se suceden cuando existen causas que los provocan. En este caso, el exceso de producción de cera, debida al estado inflamatorio, crea una oclusión parcial del canal auditivo y la persistencia de un ruido subjetivo en ausencia de un estímulo acústico real. A menudo, esta sensación se añade la reverberación de la propia voz.

Resfriado y pérdida auditiva temporal

El resfriado, como manifestación vinculada con la estación y la temperatura exterior, puede evolucionar hacia una inflamación de los oídos que lleva a la pérdida auditiva, temporal o definitiva. Se define como hipoacusia una complicación auditiva que se manifiesta con la pérdida gradual de la capacidad de distinguir ruidos y palabras. Existen varios tipos, como la hipoacusia neurosensorial o perceptiva que se distingue porque afecta directamente al nervio acústico y en consecuencia la elaboración y comprensión de la palabras.

Resfriado y laberintitis

¿Qué tienen en común la gripe y la pérdida temporal de equilibrio? Descubramos juntos la relación entre los síntomas de la estación, laberintitis y frío. La laberintitis es la inflamación del laberinto, una parte específica del oído interno, que tiene como efecto principal el vértigo. El invierno y las bajas temperaturas aumentan el riesgo de contraer un resfriado y la gripe, hay más posibilidades de inflamar la sección del oído encargada de la capacidad auditiva y motora. Esto crea una desorientación, confusión y a menudo acúfenos, esto es, la percepción de ruidos subjetivos en ausencia de estímulos externos.

Niños y adultos: cambios de frecuencia

Los niños están más expuestos que los adultos a la posibilidad de contraer estas enfermedades. No solo por los estímulos exteriores, sino también por la disposición anatómica de los órganos aún en fase de desarrollo. Es el caso de la clásica asociación de resfriado y dolor de oídos. 

Las trompas de Eustaquio, encargadas del drenaje de las secreciones de la cavidad nasal, en los niños son más estrechas y cortas que en los adultos. Por este motivo, la obstrucción y la consiguiente proliferación bacteriana o viral surge primero.

Resfriado y picor de oídos

Una de las consecuencias típicas de las gripes de temporada es la aparición del resfriado y picor en los oídos. Lo que tienen en común estos dos trastornos es la acumulación de moco en la zona afectada, producido en respuesta a la congestión nasal. Esta importante necesidad de rascarse cerca del oído interno o externo puede favorecer la contaminación bacteriana o viral de la zona y llevar al desarrollo de la otitis.

Sangre en los oídos durante un resfriado

Incluso la más clásica de las gripes, si no se cura bien, puede llevar a complicaciones como la pérdida de sangre por los oídos durante el resfriado. Las causas son variadas, de la formación de pequeñas llagas internas en el canal auricular a la sensibilización de la zona por inflamación del tejido, pasando también por un cambio en la presión.

Agua y líquidos en el oído durante un resfriado

La persistencia de una inflamación puede llevar a la presencia de líquido en los oídos durante el resfriado o la gripe más en general. El líquido puede ser de tipo acuoso o purulento, dependiendo de la patología. Cuando es acuoso, habitualmente se trata de un agente externo que queda atrapado en el canal auricular y contribuye a favorecer el proceso inflamatorio. En cambio, si se trata de un líquido purulento, describe una infección en curso en el oído medio o externo.
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