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24/05/2018

¿Cuidamos adecuadamente nuestros pies?

Consejos para el cuidado y la higiene de las extremidades inferiores

Raquel Blasco Redondo

Raquel Blasco Redondo

Médico especialista en Medicina Interna, experta en Medicina Deportiva y Profesora Universitaria en Ciencias de la Salud

Los pies son elementos fundamentales de nuestra anatomía para las actividades de nuestra vida cotidiana. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el pie es un órgano vital para la práctica deportiva y que cualquier alteración en su morfología puede disminuir nuestro rendimiento.

Mantener el apoyo necesario de todo el cuerpo al estar de pie, andando o corriendo, es la característica más importante de los pies. Su forma arqueada y especialmente articular les configura, entre otras, dos importantes funciones:

  1. Absorber y amortiguar las vibraciones y golpes que se producen a cada paso.

  2. Activar la circulación sanguínea, al comprimirse por el peso del cuerpo y, a la vez, contraerse al dar el paso.

¿Por qué debemos cuidar nuestros pies?

El cuidado de los pies es muy importante en todas las edades, y de forma muy particular a medida que vamos cumpliendo años, especialmente si tenemos:
 
  • Pérdida de la sensibilidad.

  • Problemas vasculares (varices o pies sin suficiente aporte sanguíneo).

  • Cambios en la forma del pie.

  • Úlceras o llagas que no sanan.

El daño de los nervios puede hacer perder la sensibilidad en los pies. Es posible que no sientas una piedrecilla dentro del zapato y que ésta te cause una herida, o que quizás no sientas una ampolla causada por zapatos apretados. Este tipo de lesiones en los pies puede causar úlceras que a veces pueden llevar a patologías graves en las extremidades inferiores.

¿Cómo debemos cuidar nuestros pies?

 

¿Con qué frecuencia?

Es conveniente examinarse los pies todos los días y mejor hacerlo por la noche. ¿Por qué? Pues porque es posible que, aun sin sentir ningún dolor, padezcas problemas en los pies. Examínatelos para determinar si tienes cortaduras, llagas, manchas rojas, hinchazón o infección en las uñas. Si te cuesta trabajo agacharte para verte los pies, ayúdate con un espejo de plástico.
 

Lavado

Lávate los pies todos los días y hazlo con agua tibia, no con agua caliente. Evita el baño de inmersión de los pies para prevenir la sequedad de la piel, así como también evita realizar los típicos baños de “agua caliente con sal”, ya que normalmente van a producir un efecto negativo al deshidratar la piel.

Antes de tomar un baño o una ducha asegúrate de que el agua no esté demasiado caliente. Sécate bien los pies y no olvides la piel que hay entre los dedos. Mantén la piel suave y tersa, es conveniente aplicar una fina capa de loción para la piel, crema o vaselina por encima y por debajo de los pies, pero no entre los dedos porque puede provocar infección.
 

¿Callos y durezas?

Elimina los callos y las asperezas con suavidad, aunque lo mejor es que consultes con tu médico o con un podólogo para determinar la mejor manera de cuidarlos. Hay que ser muy cuidadoso e intentar evitar el uso de cuchillas de afeitar, cremas ni líquidos para quitarse los callos y las asperezas, porque pueden dañar la piel y crear heridas y lesiones difíciles de tratar. Evita “lijarte” los callos con una piedra pómez o con una cuchilla.
 

Corte de uñas

Córtate las uñas de los pies cada semana o cuando sea necesario y, en caso de que no veas bien o no puedas, si las uñas de los pies son gruesas o están amarillentas o si las tienes encorvadas o encarnadas, acude a un especialista.

Si puedes ver y alcanzar las uñas de los pies, córtatelas con un cortauñas después de lavarte y secarte los pies. Córtalas en línea recta a lo ancho y luego líjalas suavemente con una lima de esmeril. No cortes los bordes de la uña, aunque tampoco debes dejar “picos” de uña, que puedan lesionar alguno de tus dedos.

Vestir los pies

Usa zapatos y calcetines en todo momento. Evita caminar descalzo, ni siquiera dentro de casa, porque es fácil pisar algo que pueda lastimar los pies. Usa siempre calcetines o medias de algodón o de nylon con los zapatos para evitar ampollas y llagas, así como también medias limpias, ligeramente acolchadas, que se ajusten bien a los pies. Las medias sin costuras son mejores. Revisa los zapatos por dentro antes de usarlos para asegurarte de que el forro esté liso y no haya ningún objeto adentro. Usa zapatos que te calcen bien y te protejan los pies del calor o del frío.
 

No comprimas tus pies y ¡protégelos de los cambios de temperatura!

Protégete los pies del calor y del frío. Usa zapatos en la playa o en el pavimento caliente. Aplícate loción con filtro solar en la parte superior de los pies para evitar quemaduras de sol y mantén los pies alejados de los radiadores y de las llamas del fuego. No te pongas bolsas de agua caliente ni almohadillas térmicas en los pies. Si se te enfrían durante la noche es mejor que utilices calcetines. Las botas con forro son buenas para mantener los pies calientes durante el invierno. No es conveniente cruzar las piernas por períodos prolongados, ni usar medias ajustadas, ni bandas de material elástico o de caucho, ni ligas en las piernas.
 

Y... lo mejor de todo para nuestros pies: ¡mantenerlos activos!

Es imprescindible mantener activa la circulación de la sangre en los pies. Para ello, es conveniente subir los pies cuando estemos sentados, mover los dedos de los pies durante 5 minutos dos o tres veces al día, así como los tobillos hacia arriba y abajo y hacia adentro y afuera para mejorar el flujo de sangre en los pies y las piernas.

 
Seguro que hay muchas más recomendaciones que el sentido común nos dicta, pero la más importante es, como siempre, que te mantengas activo/a en el cuidado de tu salud. ¡De la cabeza a los pies!