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14/12/2017

¿Soy muy mayor para jugar a pádel?

¡En absoluto! Lee sus beneficios y anímate a probarlo

Raquel Blasco Redondo

Raquel Blasco Redondo

Médico especialista en Medicina Interna, experta en Medicina Deportiva y Profesora Universitaria en Ciencias de la Salud

Historia y contexto

El pádel es un deporte relativamente novedoso, ya que se practica sólo desde los años 80. Es una actividad que reúne casi todos los requisitos de los que llevamos hablando en las anteriores entradas de esta web.

Se entrena y practica con más gente y el material de uso es sencillo y no demasiado costoso. Sólo consta de tres materiales fundamentales para su desarrollo: la pelota, la pala y el campo de juego o pista. Posee reglas bien definidas y está representado por diferentes federaciones y asociaciones. Ha tenido un gran desarrollo en España, en numerosos países de Hispanoamérica, en el Reino Unido y en Portugal.

A pesar de que el World Padel Tour (WPT) es el circuito internacional más importante, existen numerosísimas competiciones de este deporte a todos los niveles que permiten a los aficionados medirse con otros en los circuitos de competición.
 

Recomendaciones para la práctica del pádel

El pádel se puede empezar a practicar a cualquier edad dependiendo, por supuesto, de nuestro estado de forma y/o condición física, ya que como actividad deportiva es beneficiosa para la salud, siempre y cuando se sigan unas recomendaciones básicas que en este caso vamos a intentar dirigirlas a nuestros aficionados sénior.



Las recomendaciones a seguir son:

  • Jugar con una pala ligera: a nivel técnico y en cuanto al equipamiento de pádel, lo mejor es utilizar una pala ligera que facilite la velocidad del movimiento y que no produzca una sobrecarga muscular ni cualquier otra lesión.

  • Distribuir el esfuerzo: hay que saber gestionar la energía del cuerpo para optimizarla y poder aguantar bien todo el partido sin agotarse pronto. Para ello es básico evitar esfuerzos innecesarios para poder encarar con fuerza la recta final, sin sobrecargas innecesarias, que en numerosas ocasiones son las responsables de las lesiones deportivas.

  • Intentar evitar las situaciones en las que los reflejos juegan un papel básico, como son las disputas en la red, sobre todo si se juega contra rivales más jóvenes. Será por lo tanto más adecuado jugar desde la parte posterior de la pista, con el fin de poder predecir mejor el movimiento de la jugada. Así pues, intentaremos evitar engancharnos demasiado a la red en caso de que las bajadas de pared del rival sean demasiado veloces para nuestros reflejos.

  • Si se tiene la posibilidad de jugar con alguien más joven que nosotros como pareja mejor. Además, si somos diestros, sería recomendable elegir el lado de la derecha. Vamos a necesitar correr menos ¡y eso tiene sus ventajas!

  • Disminuir el número de “jugadones” (jugadas explosivas). Se trata de jugar con el factor sorpresa y no descubrir tus armas antes de tiempo. Es bueno desorientar al rival para reatar la jugada cuando menos se lo espere. Una recomendación muy a tener en cuenta es no empeñarse en rematar todos los globos porque este tipo remate es el golpe que más energía requiere y que más se pierde con la edad. Si además tenemos que desplazarnos rápidamente quizás sea una mejor opción dejar pasar la pelota y jugar desde el fondo de la pista aunque con ello perdamos la red.

  • Es imprescindible (además de eso se trata) mantenerse en buena forma: hay que llevar una rutina de entrenamiento físico, adaptada en intensidad y frecuencia para estar preparados para la pista.

  • Entrenar mucho la técnica: intentar poseer una buena técnica, que no se pierda con el paso del tiempo y nos permitirá correr menos.

  • No somos nada si no leemos previamente el partido. Hay que entrenar mucho la táctica: es muy importante idear estrategias, saber “leer” las jugadas y los momentos de cada partido para aprender a jugar las bolas en las zonas donde tengamos mayores posibilidades de salir victoriosos con el menor esfuerzo y desgaste posible. Saber estudiar a los rivales (de la misma edad o más jóvenes), descubrir sus puntos débiles, mejorar la comunicación con el compañero y la complicidad para formar una pareja fuerte.

  • Siempre lo hemos dicho: la actividad física y el deporte deben ser nuestros aliados para mantener ágil nuestra mente. Entrenemos la mente: el aspecto psicológico es fundamental. Aprender a tranquilizarse, a estar concentrado sin que acechen malos pensamientos como “es que ya estás muy mayor para esto” cuando se pierde algún punto. Debemos trabajar la mente para sentirnos cómodos en la pista y ganar confianza en uno mismo para entregarnos al máximo y disfrutar.

  • Mejorar en el conocimiento del juego, en el reconocimiento de nuestras capacidades, de las del compañero y de los rivales. Esto se traduce en detalles como la mejora de la lectura del rebote; aprender a jugar la pelota en las zonas donde los puntos se encaren de manera que nos proporcionen el máximo beneficio con desgaste mínimo; mejora en la forma de afrontar los momentos clave del partido; mejor aprovechamiento del saque para conseguir puntos “gratis”; y muchos otros aspectos que la practica de este deporte nos irá aportando a medida que lo practiquemos.

¿Algo especial con respecto a la alimentación?

Al igual que ocurre en cualquier actividad saludable, es necesario combinar el deporte con unos hábitos alimenticios sensatos y sanos. Algunos consejos nutricionales generales podrían ser:
 
  • Ingesta adecuada de calorías en función de la actividad física a desarrollar. No por tener dos partidos no muy intensos a la semana voy a incrementar mi ingesta de forma desproporcionada.

  • Seguir una dieta rica en hidratos de carbono. En este sentido, como siempre, es bueno consumir alimentos integrales, pues además del aporte en hidratos nos proporcionarán la fibra necesaria para el organismo.

  • Aporte adecuado de proteínas según la intensidad del entrenamiento. En ciertas ocasiones puede ser acertado consumir suplementos alimenticios ricos en proteínas, siempre y cuando éstos sean recomendados por un médico o nutricionista.

  • Ingerir lípidos de “buena calidad”, grasas mono y poliinsaturadas, limitando las grasas saturadas. Preferiblemente ingerir aceite de oliva y alimentos ricos en Omega 3 y Omega 6, evitando los aceites de origen animal.

  • Beber abundante agua diariamente, siempre antes, durante y después del ejercicio. No esperar a tener sed para beber agua.

  • Combinar los horarios de entrenamiento con las ingestas, es decir, cuidar la alimentación antes, durante y después del ejercicio.

  • Después de realizar actividad física, asegurarse de reponer lo perdido mediante una buena recuperación.

Siguiendo todos estos consejos poco a poco irás notando los beneficios de hacer divertida la práctica de la actividad física. ¡Te engancharás!