Pérdida de audición

Sordera, hipoacusia, discapacidad auditiva...


Sordera y vértigo de Meniere.

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El síndrome de Meniere no es el más frecuente de los vértigos laberínticos. Ese título lo posee el vértigo posicional paroxístico benigno, del que hablaremos en una próxima ocasión. Pero el síndrome de Meniere sí es el vértigo más característico y conocido de los producidos por alteraciones del oído.
No es habitual que en este espacio hablemos de vértigo, dedicamos nuestros artículos a los problemas de la audición. Pero no debemos olvidar que el oído interno, el laberinto, no sólo es el responsable de nuestra audición, sino que también es importante su función en el mantenimiento del equilibrio.
De manera que el oído interno tiene dos funciones, la audición y el equilibrio. Los problemas de la parte anterior del laberinto (el caracol) producen síntomas auditivos, mientras que las alteraciones de la parte posterior producen problemas de equilibrio, vértigo.
En ocasiones la alteración afecta al oído interno en su conjunto y los síntomas auditivos y del equilibrio se asocian.
Es lo que ocurre en el síndrome de Meniere. La triada clásica de síntomas (vértigo, hipoacusia y acúfenos) es la que aparece en esta enfermedad.
Se trata de una enfermedad crónica, que suele aparecer en un oído, que evoluciona en crisis, y que afecta de distinta manera a cada paciente.
Los síntomas más típicos son:
  • El vértigo giratorio, de aparición brusca, que dura horas o días y que puede repetir en los periodos de crisis, desapareciendo en los periodos intercrisis, que pueden durar meses o incluso años.
  • Los acúfenos, los ruidos en el oído afecto. Pueden ser permanentes, y es característico que aumenten de intensidad o cambien de tono antes de la crisis de vértigo.
  • La hipoacusia fluctuante. Empeora en los periodos de crisis y mejora en las intercrisis, aunque a lo largo de la evolución, con cada crisis queda más pérdida auditiva.
Puede haber otros síntomas que sería prolijo enumerar, pero si es importante decir que hay ocasiones que la enfermedad es bilateral, afecta a los dos oídos, aunque normalmente en distintos momentos de la evolución.
En resumen, es una enfermedad crónica del oído interno, que afecta a uno o ambos oídos, que condiciona la vida de los pacientes aunque de distintas formas entre unos y otros, y que suele requerir distintos tratamientos según cada paciente y su momento evolutivo.

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