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Cuando la superstición guiaba la cura de los problemas auditivos

4 julio, 2013

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Acrobacias aéreas que asustasen al paciente. Aplicar calor en los oídos. Comer veinte tomates al día. O estar sentado tres días y tres noches sin comer ni beber. Éstas eran algunas de las indiciaciones que debían seguir afectados por problemas auditivas severos cuando la otorrinolaringología no estaba plenamente desarrollada -a partir de 1950- y la superstición y las creencias guiaban a pacientes y “prescriptores”. Algunas de estas ahora sorprendentes terapias contra la sordera y otros problemas auditivos los ha recogido en su blog Marta González, que insiste en que todas ellas son inútiles, “por lo que por favor que a nadie se le ocurra intentar nada”. Un buen ejemplo es el del piloto Charles Lindbergh, que fue el primer aviador en hacer un vuelo transoceánico solo. Al principio de su carrera, cobraba 50 dólares por pilotar los denominados  «deaf flights» (vuelos sordos). Básicamente consistían en llevar a la persona con problemas auditivos en la cabina de mandos y realizar piruetas con mucho desnivel. Así, del susto -o ésa era la idea-, la persona sorda recuperaría la audición.

Otros remedios sorprendentes los cita González basándose en un artículo publicado en About.com. Y no tienen desperdicio:

  • La hipnosis.
  • El consumo de determinadas drogas.
  • Introducir determinados líquidos en el oído: grasa de oso derretida, orina con ajo y   aceite de oliva, agua y jabón, el aceite sobrante de freír los huesos del melocotón en manteca de cerdo, etc.
  • Dieta a base de veinte tomates al día.
  • Permanecer sentado tres días y tres noches sin beber ni comer.

Completamos la lista con otros remedios “populares” que se aplicaban en nuestro país para el dolor de oído:

  • Poner el oído leche de una mujer que estuviese amamantado.
  • Introducir pies y piernas hasta la rodilla en un recipiente de agua caliente con ceniza.

Claro que peor que estos remedios era el diagnóstico frecuente cuando no funcionaban: “Si el problema persiste, es porque es un castigo divino”.

 

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