Jugar estimula el desarrollo motriz e intelectual de todos los niños y niñas. Y no hay mejor estímulo, pues se basa en la diversión y la interacción de los pequeños con sus propios juguetes. No obstante, hasta el juego puede ser un factor de riesgo si no controlamos algunas variables, como por ejemplo, el ruido que emiten precisamente algunos de estos juguetes. Según ha alertado la asociación CLAVE, el impacto sonoro de éstos puede ser perjudicial si supera los 85 decibelios, límite además establecido por la Unión Europea. Y el problema es que diferentes mediciones hechas aleatoriamente revelan que hay en el mercado algunos juguetes capaces de emitir sonidos que rebasan estos 85 dB a una distancia pegada al oído y un 27% a una distancia de 25 centímetros.
Para ilustrar la importancia de informarse y revisar los productos antes de comprarlos, vale el ejemplo de la asociación norteamericana Sight and Hearing, que confecciona todos los años una lista con los juguetes más ruidosos del mercado. El año pasado, de los 18 juguetes analizados, siete estaban por encima de 100 decibelios (dB), lo que puede dañar el oído en menos de 15 minutos. En su estudio, la asociación americana ha tomado dos referencias: la audición de los juguetes al lado del oído y también ha medido la audición cuando el juguete se encuentran a 25 centímetros de distancia, que es la distancia a la que normalmente juegan los niños con sus juguetes.