Para que las ondas se desplacen, necesitan siempre un soporte físico como el aire, el agua o un elemento sólido; en el vacío, el silencio es absoluto. Las propiedades físicas de esta perturbación física definen cómo la experimentamos: la longitud de onda y la frecuencia del sonido determinan si un tono es grave o agudo, midiéndose en hercios (Hz), mientras que la amplitud de la onda está relacionada con la intensidad del sonido, que habitualmente se expresa en decibelios (dB).
La velocidad del sonido cambia según el medio físico y la temperatura, alcanzando unos 343m/s en el aire templado. Tanto si vives en un entorno urbano o en un lugar más alejado, tu oído capta estas vibraciones de forma constante. En GAES entendemos que esta conexión acústica con tu entorno define tu bienestar personal, por lo que te ofrecemos un acompañamiento experto de por vida para que nunca te desconectes de lo que más quieres.
El proceso de audición comienza cuando el pabellón auricular dirige las vibraciones a través del camino del sonido en el oído. Al llegar al tímpano, este vibra y activa la cadena de huesecillos hasta la cóclea, la cual transforma el movimiento mecánico en impulsos eléctricos. El envejecimiento y la exposición al ruido pueden dañar este engranaje, reduciendo de manera progresiva nuestra capacidad para captar todo el espectro audible humano convencional (entre los 20 Hz y los 20.000Hz.
En todos nuestros centros, aplicamos el Método GAES para restaurar estos matices perdidos. Ofrecemos revisiones auditivas gratuitas e incluso modelos financiados* que cubren las necesidades de nuestros usuarios. Con una prescripción médica oficial indispensable, podrás solicitar la prestación económica pública dentro de los ciclos de renovación vigentes, o bien optar por tecnología de gama más alta, abonando una aportación económica adicional* para disfrutar de una audición natural.