Los vértigos suelen ser más frecuentes en verano debido a dos factores, ambos relacionados con el aumento de las temperaturas: la dilatación de los vasos sanguíneos (vasodilatación) del oído interno y la posible deshidratación por una sudoración excesiva que no hemos compensado con la suficiente ingesta de líquidos.
El aumento de las temperaturas puede provocar una dilatación de los vasos sanguíneos (vasodilatación), incluidos los del oído interno. Este ensanchamiento de los vasos sanguíneos provoca una disminución en la presión arterial: a más espacio de tránsito, menor tensión y velocidad. Y el resultado es un menor flujo de sangre al cerebro, que, si es significativa, acaba provocando esta sensación de vértigo.
¿Qué hacer si experimentamos vértigos por vasodilatación? Te compartimos algunos consejos:
Otro elemento que puede causar una menor aporte de flujo sanguíneo al cerebro es la deshidratación, mucho más común en verano. Cuando nuestro cuerpo no tiene suficiente líquido, la presión arterial puede bajar de forma notable y causar sensación de mareo e inestabilidad, especialmente al levantarnos. La deshidratación también puede causar otros problemas auditivos, como la aparición de acúfenos o que estos se perciban de forma más notable.
El mejor tratamiento para evitar la deshidratación es la prevención: beber suficiente líquido, sobre todo si estamos sudando mucho. También el descanso, tumbándonos en un lugar fresco, puede ayudarnos a combatir episodios leves de deshidratación. Si ésta es severa, debemos acudir a un especialista médico.
Otro motivo que puede desencadenar episodios de vértigo es un golpe de calor. Y es que la exposición prolongada a las altas temperaturas puede provocar un síncope, en el que aparte de síntomas como fiebre, náuseas o vómitos, puede aparecer una sensación muy vívida de mareo. La mejor forma de contrarrestar este golpe de calor, si no es severo, es seguir estas recomendaciones: