Cuando pensamos hoy en un audífono, imaginamos un pequeño dispositivo casi invisible, ligero y cómodo, capaz de ofrecer una audición clara y natural. Sin embargo, el camino hasta llegar a los modernos audífonos digitales ha sido largo, lleno de ingenio, curiosidad y avances tecnológicos que transformaron por completo la vida de las personas con pérdida auditiva.
Los problemas de audición han acompañado al ser humano desde sus orígenes. Mucho antes de la invención de los aparatos eléctricos, las personas ya buscaban formas de amplificar los sonidos.
Durante siglos se usaron trompetillas acústicas, rudimentarios conos metálicos o de cuerno que concentraban el sonido y lo dirigían hacia el oído.
Estas trompetillas se popularizaron entre los siglos XVII y XIX y se fabricaban en materiales muy variados: desde metal, plata o marfil hasta versiones más decorativas o discretas, que podían integrarse en el peinado, el bastón o incluso en un jarrón.
Aunque eran aparatos voluminosos y evidentes, representaron el primer paso hacia una amplificación mecánica del sonido, base de lo que hoy conocemos como audífono.
Durante más de siete décadas, GAES ha impulsado la audiología en España. Y nuestra misión sigue intacta: mejorar la vida de las personas con pérdida auditiva con la mejor tecnología y la experiencia de nuestros profesionales.
La historia de los audífonos comienza con las trompetillas acústicas usadas entre los siglos XVII y XIX para amplificar el sonido de forma mecánica. El verdadero cambio llegó con la electricidad: a finales del siglo XIX surgieron los primeros audífonos eléctricos.
En el siglo XX aparecieron los modelos portátiles, los transistores, los circuitos integrados y, desde los años 80, la tecnología digital. Hoy, los audífonos son inteligentes, recargables y capaces de adaptarse automáticamente al entorno.
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