La pérdida auditiva hereditaria es aquella cuyo origen se encuentra en alteraciones genéticas transmitidas de padres a hijos. La también llamada hipoacusia genética está detrás de casi el 60% de las pérdidas de audición en niños, si bien pueden presentar desde el nacimiento o en futuras etapas. La identificación previa de esa carga genética que puede provocar hipoacusia es clave para un trabajo preventivo previo.
La gran mayoría de hipoacusias hereditarias son pérdidas auditivas neurosensoriales -cerca del 80%. Este tipo de hipoacusia es la que se produce cuando hay daño en el oído interno o los nervios auditivos, lesiones que alteran la correcta transmisión del sonido al oído. No obstante, también la pérdida auditiva conductiva puede ser hereditaria, ya que en ocasiones la alteración genética transmitida de padres a hijos puede afectar al oído medio u oído externo (un ejemplo podría ser la otosclerosis).
La pérdida auditiva hereditaria se puede dividir en dos tipos según la alteración genética que lo produce:
La pérdida auditiva hereditaria puede transmitirse de padres a hijos de dos formas diferentes:
La pérdida auditiva hereditaria no tiene porqué aparecer en el nacimiento, sino que puede manifestarse meses o años después. Además, la hipoacusia genética suele ser progresiva o evolutiva. Por lo tanto, un seguimiento continuo, con revisiones auditivas periódicas supone el mejor tratamiento para prevenir y detectar de forma precoz su aparición. En el caso de los niños, un diagnóstico temprano es clave para evitar retrasos en el lenguaje o complicaciones en el aprendizaje.
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