La pérdida auditiva no tratada tiene una incidencia directa en nuestra movilidad, sobre todo en personas mayores. Además, se trata de un vínculo directamente proporcional: a mayor pérdida de audición, mayor riesgo de instabilidad y de caídas. Así lo señala un estudio reciente realizado por la Clínica Universitaria de Navarra y presentado en el 76 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).
La investigación, centrada en una muestra de 714 personas mayores de 55 años, concluye que los pacientes con pérdida auditiva no tratada tenían tres veces más riesgo de inestabilidad postural y que, incluso con tratamiento, el riesgo seguía siendo hasta 4,1 veces superior al del grupo sin pérdida auditiva.
Otro estudio realizado por Johns Hopkins University en 2021 arrojó conclusiones muy similares. En este caso, la muestra se centró en personas entre 71 y 94 años. Los resultados obtenidos, y que se publicaron en la revista 'JAMA Network', confirmaron que aquellos y aquellas que presentaban pérdida auditiva obtuvieron resultados peores en diferentes pruebas de aptitud física. Por ejemplo, se notaba una gran diferencia a la hora de caminar, tanto a nivel de velocidad como de equilibrio.
Los resultados de estas dos investigaciones muestran además una relación directamente proporcional entre hipoacusia y aptitud física. Así, a mayor grado de pérdida auditiva, peores resultados en equilibrio y velocidad a la hora de caminar, y mayor riesgo de caída. Ambos estudios demostraron este vínculo al hacer un seguimiento de varios años a los participantes.
La pérdida auditiva no tratada también aumenta el riesgo de caídas. También en este caso es un estudio de la Johns Hopkins University School of Medicine quién lo demuestra. Según la investigación liderada por el doctor Frank Lin, y también centrada en personas mayores, aquellas que tienen pérdida de audición leve triplican el riesgo de sufrir una caída accidental.
La teoría detrás de esta correlación es que, según Lin, la pérdida auditiva sin tratar supone a los afectados y afectadas un esfuerzo adicional para descifrar las señales sonoras que recibimos. Este esfuerzo, que también se denomina como “carga cognitiva”, obliga al cerebro a utilizar más energía para tratar de oír, “lo que puede suponer que haya menos recursos cognitivos para ayudar a mantener el equilibrio”.
También cuando la pérdida auditiva afecta al oído interno, llamada perdida auditiva neurosensorial, esta puede acompañarse, dependiendo de la lesión, de problemas de equilibrio, propiciando episodios de vértigo.
Los audífonos son la solución auditiva más recomendada y prescrita para la pérdida auditiva, sobre todo si es de leve o moderada. Por tanto, el uso de estos dispositivos suponen un tratamiento efectivo para mejorar la movilidad personal y reducir el riesgo de caídas.
Un estudio realizado en este caso por la Washington Univestiy School of Medicine, en Estados Unidos, mostró a través de un experimento que las personas participantes en el mismo tenían un mejor equilibrio cuando sus audífonos estaban encendidos. Atendiendo a los resultados obtenidos, publicados en la revista Laryngoscope, los audífonos facilitaban que la gente estuviera más alerta y les ayudó a “usar la información sonora como puntos de referencia auditivos para ayudar a mantener el equilibrio”. Segun Timothy E. Hullar, uno de los investigadores, el uso de estos dispositivos también alivió la carga cognitiva, reduciendo el riesgo de caídas.
La revisión auditiva permite a los audiólogos medir y evaluar la capacidad de una persona en tan sólo unos minutos.